Dormir de forma autónoma: una habilidad que se acompaña y se aprende
Dormir de forma autónoma no significa dejar a tu bebé solo, sino acompañarlo con rutinas que aporten calma y seguridad. Ainhoa Baucells (@enfermedadesbebe)nos comparte cómo hacerlo de forma respetuosa y consciente.
Ainhoa nos explica que cuando hablamos de sueño autónomo, es importante empezar desmontando una idea muy extendida: dormir de forma autónoma no es “dejar al niño solo” ni forzarlo a dormir llorando, sino acompañarlo en el aprendizaje de una habilidad nueva, igual que acompañamos otros aprendizajes del desarrollo.
Dormir implica separarse, confiar y regularse. Y todo eso no aparece de golpe, se construye poco a poco.
La importancia de lo que ocurre antes de dormir
El sueño no empieza cuando el niño cierra los ojos. El sueño empieza mucho antes, idealmente unas dos horas previas a la hora de acostarse. Ese tramo previo tiene un objetivo muy claro: preparar el cuerpo y el cerebro para el descanso. No se trata de hacer “cosas para dormir”, sino de bajar progresivamente el nivel de activación para ‘’preparar al cuerpo para dormir’’. Una rutina predecible, repetida cada día de forma similar, ayuda al sistema nervioso del niño a anticipar lo que viene después. Y cuando el cerebro puede anticipar, se relaja. Y la relajación favorece el sueño.
Rutina previa: estructura y calma
Cada familia adapta la rutina a su realidad, pero hay elementos que suelen funcionar muy bien:
1. El baño
No es obligatorio desde el punto de vista de la higiene, pero sí muy útil como ritual. El agua caliente, el contacto, la repetición diaria… todo eso actúa como una señal clara de “estamos cerrando el día”.
2. La cena
Conviene que sea tranquila, con luces cálidas y sin prisas. Evitar pantallas y estímulos intensos durante este momento ayuda a que no se dispare de nuevo la activación.
3. Higiene y cuidados
Limpieza de dientes y poner el saco de dormir de molis&co (@molisandco). Son gestos cotidianos que, cuando se repiten siempre en el mismo orden, aportan seguridad y estructura.
4. Cuentos (según la edad)
En niños más mayores pueden ser una herramienta muy valiosa para cerrar el día.
Sin embargo, por debajo de los 2 años no suelo recomendarlos, ya que en muchos casos son más un estímulo que un verdadero momento de relajación.
5. Apagar luces y señal final de dormir
A medida que se acerca la hora de dormir, es importante bajar la intensidad de la luz. En algunos casos puede dejarse un punto de luz, pero en peques que no tienen miedo, lo más recomendable es dormir con total oscuridad desde los primeros meses de vida, ya que favorece la producción de melatonina.En este momento, cantar una canción —siempre la misma, o como mucho dos— actúa como una señal muy potente para el cerebro de que ha llegado la hora de dormir.
Todo este proceso no busca “dormir al niño”, sino acompañarlo hasta un estado de calma suficiente para que pueda dormirse.
La forma en la que un niño llega al sueño no es solo una cuestión de cansancio externo, sino de estar internamente preparado. Y cuando el cuerpo y el cerebro llegan al sueño en ese estado, el descanso suele ser más profundo, más reparador y, en consecuencia, con menos despertares.
Alcanzar el sueño autónomo: repetir y acompañar
El aprendizaje del sueño se basa en la repetición, no en la lucha.
Si quieres que tu hijo aprenda, por ejemplo, a dormir en la cuna, el primer paso es repetir cada día el mismo inicio: entrar en su habitación, relajarlo y acompañarlo en la cuna, observando si ese día existe la posibilidad de que consiga dormirse ahí.
Si ese día no es capaz, se para, se le atiende y se le ayuda a dormirse del todo. Y al día siguiente, se vuelve a intentar. Día tras día.
Con el tiempo, el niño va guardando ese aprendizaje.
Lo mismo ocurre cuando queremos que un pequeño empiece a dormirse sin una ayuda concreta, como el pecho o el biberón. No se trata de retirarlos de golpe, sino de empezar a separarlos del momento exacto de quedarse dormido, probando a acompañarlo de otras formas.
Si ese día no puede, se le vuelve a ofrecer esa ayuda y se duerme con ella. Y al día siguiente, se vuelve a intentar.
La idea no es quitar apoyos a toda costa, sino ampliar el abanico de estrategias para que el niño descubra, poco a poco, que también puede dormirse de otras maneras.
Así es como se va construyendo, de forma progresiva, el camino hacia el sueño autónomo.
Un proceso único para cada familia
No existe una única forma correcta de dormir ni un único camino hacia la autonomía.
Lo importante es que el proceso:
• Respete el momento evolutivo del niño
• Tenga en cuenta las necesidades de la familia
• No se base en el miedo, la prisa ni la culpa
Dormir de forma autónoma no debería sentirse como una batalla, sino como un aprendizaje acompañado, flexible y humano.
Porque el dormir de forma autónoma no se impone.
Dormir de forma autónoma se construye.